El Gran Meaulnes
El Gran Meaulnes Me cuesta transcribir ciertas frases suyas:
—No ponga en mi ninguna confianza, pues no hago más que locuras —me dice.
—Anduve sola por los caminos…
—Llevé a mi novio a la desesperación. Lo abandoné porque me admiraba demasiado; me veÃa según su fantasÃa, y no tal como yo era. En realidad, estoy llena de defectos; habrÃamos sido muy desdichados.
A cada instante la sorprendo presentándose como peor de lo que es. Pienso que quiere convencerse de que obró bien en otro tiempo, al cometer esa tonterÃa a la que se refiere. Parece decirse que no debe experimentar ningún remordimiento, pues no merecÃa la dicha que le ofrecÃan.
En otra ocasión:
—Lo que me atrae en usted —me ha dicho, mirándome lentamente—, lo que me atrae en usted, sin que sepa por qué, son mis recuerdos…
En otra:
—TodavÃa lo amo más de lo que usted se imagina —me dice.
Y luego, de pronto, brusca, brutal y tristemente:
—Vamos a ver, ¿qué quiere usted? ¿Acaso también me ama? ¿También usted va a pedirme mi mano?