Amor redentor
Amor redentor —¿Necesitas ayuda? —preguntó él, su voz como un bálsamo en medio de su tormenta. —No la necesito, y no la quiero —respondió ella, con la dureza que había perfeccionado durante años. Miguel no retrocedió. En cambio, le ofreció un lugar donde quedarse, sin pedir nada a cambio. Ángela aceptó, aunque en su mente ya tramaba cómo escapar antes de que él pudiera reclamar su deuda. Pero los días que siguieron desafiaron todo lo que ella creía saber sobre las personas.
Miguel no solo le dio un techo, sino algo más valioso: respeto. La miraba como si viera algo más allá de su fachada, como si su pasado no definiera quién era. Esto desconcertaba a Ángela, quien se sentía más vulnerable con cada gesto amable. —¿Por qué haces esto? —le preguntó una noche, mientras cenaban juntos. Miguel sonrió. —Porque todos merecen una segunda oportunidad.
Las palabras la atravesaron como un puñal. En su mente, el precio de su corazón seguía siendo demasiado alto. Pero algo en ella comenzaba a ceder, una pequeña grieta en el muro que había construido durante años.
Sin embargo, la sombra de Duke no había desaparecido. Una noche, mientras caminaba hacia el pequeño cuarto que Miguel le había dado, una figura familiar emergió de las sombras. —Te dije que no podías huir de mí, Ángela. Siempre vuelves. Siempre.