Amor redentor
Amor redentor Una noche, tras un espectáculo en el que los aplausos sonaban como cadenas, Ángela se enfrentó a Duke. —No soy tu juguete, Duke. No puedo seguir con esto. Él se inclinó hacia ella, sus ojos oscuros y peligrosos. —No tienes opción, Ángela. El mundo no tiene lugar para una niña rota como tú, a menos que sea en mis términos.
Ese fue el momento en que Ángela supo que había tocado fondo. Pero no se permitiría rendirse. Esa misma noche, escondió lo poco que tenía y huyó bajo la lluvia. Las calles de la ciudad eran un laberinto de sombras y peligro, pero prefería eso a seguir siendo una pieza en el tablero de Duke.
Fue entonces cuando lo conoció. Miguel. Un hombre de apariencia sencilla pero con una fortaleza que irradiaba desde lo más profundo de su ser. Lo encontró junto a una hoguera improvisada en un callejón, donde él repartía pan y palabras amables a un grupo de vagabundos. Cuando sus ojos se cruzaron, Ángela sintió algo que no había sentido en años: calidez.