Amor redentor
Amor redentor Una tarde, mientras miraba el atardecer desde la ventana, Miguel se acercó con su sonrisa habitual. —¿En qué piensas? Ángela sonrió, algo que ahora le salía con naturalidad. —En cómo llegué hasta aquí. En todo lo que he perdido. Pero también en lo que he encontrado.
Miguel la miró con ternura. —Eres más fuerte de lo que crees, Ángela. Y ahora, eres libre.
Ella lo sabía. Aunque el camino había sido largo y lleno de dolor, había encontrado algo más que libertad. Había encontrado la esperanza, el perdón y, finalmente, el amor.
En ese momento, mientras el sol descendía en el horizonte, Ángela comprendió que no solo estaba viva; estaba renaciendo.