Duna
Duna Sin embargo, en la privacidad de la noche, Paul no encontraba consuelo. Las visiones continuaban, cada vez más intensas. Vio un camino de destrucción que lo llevaba al trono, pero a costa de todo lo que amaba. Vio la muerte de millones en su nombre y una galaxia que lo veneraba como un dios.
Jessica, observándolo desde las sombras, habló con suavidad. —No tienes que seguir este camino, Paul. Él la miró, sus ojos cargados de un peso que no podÃa compartir. —No sé si puedo detenerlo, madre. Este destino… no es algo que pueda elegir.
El guerrero del desierto estaba listo para la batalla que se avecinaba, pero en su interior, la lucha más grande continuaba: no contra los Harkonnen, sino contra el futuro que la especia le mostraba con cruel claridad. El desierto lo habÃa moldeado, pero también lo estaba consumiendo.
La noche en el desierto era traicionera, un manto de oscuridad donde la muerte acechaba con el más leve sonido. Paul, rodeado de los Fremen más leales, estudiaba el mapa de las posiciones Harkonnen bajo la luz parpadeante de un globo suspensor. Cada lÃnea en el pergamino representaba una decisión: vidas salvadas o sacrificadas.