Duna
Duna Pero la guerra estaba siempre presente. Los Harkonnen controlaban las ciudades y las rutas de extracción de especia, pero los Fremen, bajo el liderazgo de Stilgar y ahora de Paul, comenzaron a lanzar ataques estratégicos. Trenes de especia eran destruidos, almacenes saqueados. Cada victoria alimentaba la leyenda de Muad’Dib, pero también atraía más peligro.
En una reunión en el sietch, Stilgar habló con gravedad. —Los Harkonnen no pueden ignorarnos mucho más. Pronto, traerán a todas sus fuerzas contra nosotros. Paul se levantó, sus ojos azules intensos bajo el efecto de la especia. —Entonces no esperaremos. Atacaremos primero.
Los murmullos se alzaron entre los Fremen, mezcla de asombro y emoción. Chani lo miró con una mezcla de orgullo y preocupación. —¿Y si fallamos? —preguntó uno de los guerreros. Paul respondió con firmeza. —No fallaremos. Porque este no es solo nuestro planeta. Es nuestra fe, nuestro futuro.
El ataque a una de las principales refinerías de los Harkonnen fue un éxito devastador. Paul, liderando a los Fremen desde el lomo de un gusano, demostró ser un estratega brillante y un guerrero imparable. La victoria resonó por todo Arrakis, y la figura de Muad’Dib se convirtió en un símbolo de revolución.