Duna
Duna La especia intensificaba sus visiones. En sueños, Paul veÃa los campos de batalla teñidos de sangre, las ciudades cayendo ante su nombre, y la galaxia entera temblando bajo la bandera de Muad’Dib. Pero junto a esas imágenes llegaba un susurro oscuro: ¿Era este su destino o simplemente un camino que no podÃa evitar?
El dÃa de la batalla, Paul lideró a los Fremen hacia la fortaleza Harkonnen. El desierto parecÃa estar de su lado; el viento cargado de especia les daba una ventaja casi mÃstica. Los gusanos de arena, guiados por los Fremen, arrasaron las defensas exteriores mientras Paul y su grupo principal infiltraban el interior.
El enfrentamiento fue brutal. El metal chocaba con el cristal, los gritos llenaban los pasillos oscuros, y Paul lideraba con precisión letal. En medio del caos, un Sardaukar se lanzó hacia él. —¡Muad’Dib! —rugió el guerrero antes de atacar. Paul lo desarmó con un giro rápido, su voz firme como una orden divina. —Tu Emperador te ha abandonado.
La lucha terminó con la victoria de los Fremen, pero la sangre derramada dejó un eco en Paul. En la cima de la fortaleza, observó los cadáveres, la arena mezclada con el rojo de la batalla. Stilgar se le acercó, su mirada cargada de respeto y preocupación. —Hemos ganado, pero a un costo. ¿Cuánto más podremos pagar antes de perderlo todo?