Duna
Duna Paul no respondió. En su interior, las visiones le mostraban que esta victoria era solo el principio de una guerra más grande. La galaxia ya lo conocÃa como Muad’Dib, pero en su corazón, seguÃa siendo el hijo del Duque Leto, buscando un equilibrio entre el hombre que querÃa ser y el dios que los demás esperaban.
Esa noche, mientras el campamento celebraba, Paul se sentó a solas en una duna alta, mirando las estrellas. Chani lo encontró allÃ, su silueta iluminada por la luz plateada de las lunas. —Has ganado, pero no parece que sientas la victoria. Paul la miró, sus ojos reflejando un cansancio profundo. —Porque cada paso hacia este destino me aleja de lo que podrÃa haber sido.
El precio del destino no era solo sangre en la arena. Era la lenta erosión de su humanidad, una carga que Paul sabÃa que solo se harÃa más pesada con el tiempo.
El aire de Arrakis estaba cargado de electricidad, el preludio de una tormenta tanto literal como figurada. Los vientos del desierto aullaban, arrastrando granos de arena que golpeaban como mil pequeñas agujas. Paul, ahora Muad’Dib, permanecÃa firme en lo alto de un gusano de arena, rodeado por un ejército Fremen. Cada mirada se dirigÃa a él, cada aliento contenÃa una oración.