El mesÃas de Duna
El mesÃas de Duna Él no responde. Sabe que en lo más profundo de su alma, la respuesta que ella teme ya ha sido sellada. En los silencios entre sus visiones, en los ecos de su propia mente, percibe una verdad oscura y terrible: que este destino puede estar tan fuera de su control como las arenas de Arrakis, arrastradas y moldeadas por los vientos implacables del desierto.
Cada noche, cuando el silencio desciende en las cámaras del palacio, Paul se sumerge en una tormenta de sueños proféticos que lo envuelven en imágenes perturbadoras. Un niño, su hijo, nunca nacido, aparece y desaparece entre sombras. En la penumbra de sus visiones, la figura de Chani, su amada y la madre de ese hijo que jamás existirá, yace en una cama, consumida, frágil y con una palidez que refleja la muerte. Su rostro, demacrado y desprovisto de la vitalidad que siempre lo ha caracterizado, le lanza una silenciosa súplica. Paul se acerca en su sueño, intenta tocarla, despertarla, pero una sombra densa se cierne sobre ella, una presencia intangible que lo paraliza.
