Herejes de Duna
Herejes de Duna Sheeana, como si los hubiera escuchado, les dirigió una mirada que combinaba curiosidad e impaciencia.
—¿Qué quieren? —preguntó, su tono directo y sin rastro de miedo.
Uno de los emisarios dio un paso adelante. —Queremos ayudarte.
La niña soltó una risa corta. —No necesito ayuda.
El silencio que siguió fue roto por un estruendo en la distancia: otro gusano que surgía de las arenas, respondiendo al llamado silencioso de Sheeana.
Mientras tanto, Schwangyu tramaba desde las sombras, utilizando cada fragmento de información sobre Sheeana como una herramienta para desestabilizar a Taraza.
—Esa niña es un peligro para todos nosotros —declaró a un grupo de conspiradores en Gammu. —Y Taraza está cegada por su ambición.
Pero incluso mientras conspiraba, Schwangyu no podía ignorar el creciente poder de Sheeana, ni la incertidumbre que representaba para el equilibrio de la Hermandad.
En los desiertos de Rakis, Sheeana continuaba sus recorridos con los gusanos, sus ojos fijos en un horizonte que parecía contener respuestas solo para ella. Sin saberlo, se había convertido en el eje de un conflicto que amenazaba con destruir todo lo que conocía.