Herejes de Duna
Herejes de Duna En Gammu, la noticia de Sheeana llegó a los oídos de Taraza. Sentada en el centro de la Cámara de la Madre Superiora, recibió los informes de los observadores con una mezcla de interés y preocupación.
—¿Puede realmente controlar a los gusanos? —preguntó, su tono frío pero cargado de intenciones ocultas.
—Lo hace sin esfuerzo —respondió Odrade. —Los habitantes la veneran, pero también le temen.
Taraza asintió lentamente. —Si Sheeana es lo que creemos, entonces debemos tenerla bajo nuestro control antes de que otros lo hagan.
—¿Otros como las Honoradas Matres? —aventuró Odrade.
—O peor —respondió Taraza, dejando que la posibilidad no dicha flotara en el aire.
En Rakis, Sheeana se encontraba en la cima de una duna, con el viento azotando su cabello oscuro. Frente a ella, un grupo de emisarios de la Bene Gesserit la observaba con cautela. Entre ellos estaba un hombre alto, cuya presencia parecía contener una mezcla de admiración y escepticismo.
—Ella no es lo que esperábamos —murmuró uno de los emisarios.
—Es más de lo que esperábamos —respondió el hombre, cuyos ojos no dejaban de observar a la niña.