Herejes de Duna
Herejes de Duna —¿Qué está haciendo? —gritó una de las Honoradas Matres, mientras la nave temblaba violentamente.
—Está llamándolos —respondió otra, su voz cargada de incredulidad y miedo.
En el exterior, el ataque de los gusanos alcanzó su clÃmax. La nave, incapaz de soportar la embestida, comenzó a ceder. Sheeana abrió los ojos justo cuando una explosión iluminó el interior, y en un movimiento casi sobrenatural, corrió hacia una escotilla abierta. Saltó al vacÃo y aterrizó en la arena, donde un gusano la esperaba, curvando su cuerpo para recibirla.
Las Honoradas Matres sobrevivientes, atrapadas entre el desierto y las bestias, no tuvieron escapatoria.
En Gammu, la Hermandad Bene Gesserit enfrentaba su propia crisis. Schwangyu habÃa sido descubierta, y Taraza no perdió tiempo en actuar.
—Tu traición ha puesto en peligro todo por lo que hemos trabajado —dijo Taraza, su voz cortante como una cuchilla.
Schwangyu, arrodillada frente a ella, no mostró arrepentimiento. —Tus planes son un suicidio. Ese ghola y esa niña nos destruirán.
—O nos salvarán —respondió Taraza, inclinándose hacia Schwangyu. —La diferencia radica en quién controla el tablero. Y tú ya no estás en él.
Con una señal, Schwangyu fue llevada fuera de la sala.