El recluso
El recluso Brooke necesita respuestas. Su vida ha dejado de ser suya desde que cruzó esas rejas. Cada sombra parece más larga, cada ruido más fuerte. Y la peor parte es que nadie parece notar nada extraño.
No Dorothy. No los guardias. Solo ella.
Decide enfrentar el miedo con lógica. Si alguien la está observando, debe haber una manera de averiguarlo.
Esa noche, después de asegurarse de que su puerta está bien cerrada, coloca una taza de café sobre la mesa y saca su teléfono. Sus manos tiemblan al escribir.
Número desconocido: "¿Te gustó mi nota?"
El mensaje la golpea como un puñetazo. Su respiración se corta.
Número desconocido: "Deberías cerrar mejor las cortinas. Me gusta verte cuando crees que nadie te mira."
Brooke siente un pánico frío recorrerle la espalda. Gira la cabeza lentamente hacia la ventana. La cortina está corrida, pero una pequeña abertura deja ver la oscuridad exterior. ¿Hay alguien allí?
Con el pulso disparado, apaga las luces y se acerca. Su corazón golpea contra sus costillas mientras asoma apenas un ojo entre la tela.
Nada.
