El recluso
El recluso Mientras las puertas de la prisión se cierran tras ella, Brooke Sullivan siente que ha cometido un error. Aceptó un trabajo en una cárcel de máxima seguridad porque era su última oportunidad, pero ahora, atrapada entre pasillos oscuros y guardias de mirada apagada, se pregunta si podrá sobrevivir al año que firmó en su contrato. Algo no encaja. La enfermera anterior desapareció bajo circunstancias turbias. Y los reclusos… algunos parecen inofensivos, pero otros la observan como depredadores acechando a su presa. ¿Podrá salir de allà antes de que sea demasiado tarde?
Las puertas de acero se cierran tras Brooke Sullivan con un golpe seco que resuena en su pecho. Ya no hay vuelta atrás.
Un guardia de rostro pétreo la escolta por los pasillos iluminados con luces parpadeantes. El aire es espeso, cargado de un hedor a desinfectante y sudor rancio. Las rejas se alinean a ambos lados, como dientes de una bestia metálica lista para devorarla.
—Bienvenida al infierno —gruñe el guardia sin mirarla.
