El recluso
El recluso Brooke aprieta su bolso contra el pecho y respira hondo. No deberÃa estar aquÃ. No querÃa este trabajo. Pero después de lo que pasó en Nueva York, no le quedaban muchas opciones. Y cuando recibió la oferta, un contrato de un año como enfermera en la prisión de máxima seguridad de Raker, no pudo darse el lujo de rechazarlo.
—Nombre.
Una funcionaria con uniforme azul revisa un portapapeles detrás de un vidrio blindado.
—Brooke Sullivan —responde, carraspeando para despejar su voz.
La mujer apenas asiente y presiona un botón. Un zumbido retumba en el aire y una puerta de barrotes rojos se desliza lentamente, revelando un pasillo aún más sombrÃo. Brooke siente un escalofrÃo reptar por su columna.
—Avance.
Cada paso que da retumba en el suelo encerado. Sus tacones gruesos resuenan demasiado fuerte.
—La próxima vez, nada de tacones —dice el guardia sin girarse.
Brooke traga saliva. Ni siquiera ha comenzado su primer dÃa y ya siente que cometió un error.
Al fondo del pasillo la espera una mujer de rostro endurecido y cabello corto y gris.
