El recluso
El recluso —Dorothy Kuntz —se presenta sin sonreÃr—. Supongo que usted es la nueva.
Brooke asiente y sigue a Dorothy mientras le muestra la enfermerÃa. Es un espacio pequeño y frÃo, con sillas de plástico y un escritorio minúsculo.
—Aquà verá a los internos. Nada de información personal, nada de familiaridades —advierte Dorothy—. Y, sobre todo, no se deje engañar. Algunos solo buscan drogas.
Brooke asiente, pero el aire denso del lugar la asfixia. No es solo la prisión, es la sensación de que alguien la observa.
De pronto, una voz ronca detrás de ella la sobresalta.
—Asà que tú eres la nueva.
Brooke gira en seco. Un hombre de ojos oscuros y sonrisa lobuna la mira desde la reja de una celda cercana. Su camiseta ajustada deja ver los tatuajes en sus brazos.
—Te acostumbrarás a nosotros —murmura con una sonrisa torcida.
Brooke siente un nudo en el estómago.
Bienvenida a Raker.
Ya no hay escapatoria.
