El recluso
El recluso Brooke intenta convencerse de que solo es su imaginación. Pero lo siente. Esas miradas. Esos ojos invisibles que la recorren en cada pasillo, en cada rincón de la prisión de Raker.
—¿Todo bien? —Dorothy la observa con el ceño fruncido.
Brooke asiente, aunque su mano aprieta con fuerza el bolígrafo sobre el expediente de un recluso. Ha estado aquí solo un par de días, pero la sensación de peligro es constante.
—Solo… aún me estoy acostumbrando.
Dorothy suelta una risa seca.
—Una vez que cruzas estas puertas, te acostumbras o te hundes. No hay término medio.
Brooke siente la presión en su pecho aumentar. Se levanta para buscar material en el almacén, pero cuando entra, algo la paraliza.
Alguien estuvo aquí.
Los expedientes están desordenados. Algunos armarios, entreabiertos. No puede decir qué falta, pero hay algo inquietante en el aire. Un ligero aroma a colonia masculina flota en el ambiente.
No está sola.
De repente, un ruido detrás de ella. Un roce sutil, como un susurro contra el metal. Brooke se gira, pero no hay nadie.