El recluso
El recluso El papel arde en su mano. Las palabras, simples y directas, se clavan en su mente como un anzuelo.
"Dulces sueños, Brooke."
Alguien sabe dónde vive.
Corre a la puerta y la abre de golpe. El pasillo está vacío, solo el zumbido lejano de una lámpara parpadeante rompe el silencio. Su respiración es rápida, entrecortada. Mira en ambas direcciones, pero no hay rastro de nadie.
Cierra la puerta con seguro y se apoya contra ella, sintiendo su pulso en los oídos. ¿Cómo es posible? La prisión de Raker está aislada, su apartamento no está registrado a su nombre. Solo el director y Dorothy sabían dónde vivía.
Y sin embargo, alguien estuvo aquí.
Alguien la está observando.
A la mañana siguiente, llega a la prisión con una sensación de opresión en el pecho. Quiere contarle a Dorothy sobre la nota, pero algo la detiene. ¿Y si la minimiza? ¿Y si cree que está paranoica?
No. Tiene que averiguarlo sola.
En la enfermería, revisa los expedientes de los internos con acceso al área de suministros. Wesley Carter está en la lista. Su expediente es espeluznante: asesinato, manipulación, un depredador de mentes tanto como de cuerpos.