El secreto de la asistenta (La asistenta 2)
El secreto de la asistenta (La asistenta 2) La puerta se abrió lentamente, y la señora Garrick asomó su rostro pálido y desgastado. Parecía haber envejecido décadas en una sola noche. —Te lo advertí. No deberías estar aquí —dijo en un murmullo desesperado.
—¿Por qué no lo deja? ¿Qué le ha hecho? —Millie intentó acercarse, pero la mujer retrocedió como si temiera ser castigada incluso por hablar.
La señora Garrick sacudió la cabeza con vehemencia. —No entiendes. No puedo escapar. Nadie puede.
Millie sintió una mezcla de compasión y furia. Quería consolar a la mujer, pero algo en sus ojos le hizo entender que había más de lo que parecía. En el suelo, junto a la cama, vio una caja de medicinas con frascos etiquetados. Algunas etiquetas estaban arrancadas, pero alcanzó a leer palabras como “sedantes” y “antipsicóticos”. Todo encajaba: Douglas la mantenía sedada, prisionera en su propia casa.
Esa tarde, mientras limpiaba la cocina, Millie planeó su próximo paso. Douglas debía ser desenmascarado, pero enfrentarlo directamente era peligroso. Ya había visto destellos de su verdadera naturaleza en los pequeños gestos: el control que ejercía, los comentarios sutilmente amenazantes.
