El secreto de la asistenta (La asistenta 2)
El secreto de la asistenta (La asistenta 2) Millie se levantó de un salto, cerró la puerta de la habitación y se dirigió a la cocina, intentando calmar su respiración. Cuando Douglas entró, llevaba una botella de vino en la mano y esa sonrisa fácil que siempre parecía forzada. —¿Todo bien mientras estuve fuera? —preguntó, dejándose caer en un taburete.
—Sí, todo en orden —mintió Millie, obligándose a mantener el contacto visual.
Mientras él hablaba de banalidades, Millie solo podía pensar en la mujer al otro lado de la puerta. ¿Qué le había hecho Douglas para mantenerla así? ¿Y por qué la señora Garrick tenía tanto miedo?
Esa noche, Millie apenas durmió. Una y otra vez veía la imagen de los ojos aterrados de la mujer, y su advertencia resonaba como un eco interminable: Debes irte antes de que él vuelva. Pero ya no era tan sencillo. Había abierto la puerta al secreto de los Garrick, y ahora estaba atrapada dentro.
El amanecer trajo una calma engañosa. Douglas se había marchado temprano, y el ático estaba sumido en un inquietante silencio. Millie, decidida a entender la verdad, se acercó nuevamente a la habitación de invitados. Esta vez, tocó con firmeza.
—Soy yo, Millie —susurró—. ¿Puedo entrar?
