El secreto de la asistenta (La asistenta 2)
El secreto de la asistenta (La asistenta 2) —No puedo hacer esto —se dijo, retrocediendo, pero sus pies no obedecieron. Su mano temblorosa giró la llave. Un leve clic resonó en el silencio del ático, y la puerta se abrió con un chirrido.
El interior estaba oscuro, pero el tenue resplandor de una lámpara de noche reveló una figura encogida sobre la cama. Era la señora Garrick. Su cabello estaba desaliñado, sus mejillas hundidas, y su cuerpo envuelto en un camisón manchado de sangre seca. Cuando levantó la mirada, sus ojos reflejaron terror, no alivio.
—No debería estar aquí —susurró la mujer, con una voz ronca que parecía apenas capaz de escapar de sus labios.
—¿Está bien? ¿Necesita ayuda? —preguntó Millie, arrodillándose junto a ella.
La mujer negó con la cabeza, como si cada palabra fuera un esfuerzo monumental. —No puedes salvarme. Nadie puede. Solo debes irte antes de que él vuelva.
Antes de que Millie pudiera preguntar a quién se refería, la puerta del ático se cerró de golpe. El eco resonó como un trueno en el espacio. Douglas estaba en casa.
