La asistenta te vigila (La asistenta 3)
La asistenta te vigila (La asistenta 3) El aire era frío cuando Millie despertó. El lugar estaba vacío, solo un almacén abandonado con las paredes desnudas y un eco que amplificaba el latido frenético de su corazón. Estaba sola, sus muñecas aún dolían por las ataduras, pero las cuerdas habían sido cortadas.
James no estaba.
Su primer instinto fue correr, pero apenas dio un paso hacia la salida, un sobre pequeño en el suelo llamó su atención. Tenía su nombre escrito con esa misma caligrafía apretada y torcida que había visto antes. Con manos temblorosas, lo recogió y lo abrió.
Dentro había una sola hoja de papel: “Te di una oportunidad. Ahora, todo depende de ti.”
Millie se tambaleó, su mente girando. No había tiempo para pensar. Solo sabía una cosa: tenía que volver a casa, a sus hijos.
Cuando llegó a Locust Street, el vecindario lucía como siempre: tranquilo, perfecto, pero ahora lo veía por lo que era. Una trampa. Las luces del porche estaban apagadas y la casa parecía más oscura que nunca. Entró sin hacer ruido, el nudo en su pecho apretándose con cada paso.
—¿Mamá? —la voz de Ada rompió el silencio desde el pasillo.