La boda de la asistenta
La boda de la asistenta Pero los detalles empiezan a torcerse. El vestido azul que eligió ya no le sube por la espalda. Su cuerpo ha cambiado más rápido de lo que esperaba. Enzo, siempre dispuesto, corre a arreglarlo con un viejo amigo sastre. Mientras él se va, otra llamada. Mismo número, misma voz.
—¿Has mirado en el armario de los abrigos?
Millie se congela. ¿Cómo sabe que está sola? ¿Que Enzo acaba de salir? ¿Está observándola? Se niega a entrar en pánico. Decide tomar el control, cuchillo de cocina en mano, se aproxima al armario. La puerta cerrada parece latir como un corazón. Su mente grita que no hay nadie, pero su instinto... duda.
Antes de que lo abra, Enzo regresa. Millie, con el cuchillo aún en la mano, finge que perseguÃa un ratón. Él no hace más preguntas. Ella guarda silencio. TodavÃa no puede contarle nada. Quiere protegerlo. O protegerse. O simplemente mantener vivo el sueño de una boda perfecta.
Salen hacia Manhattan. Nieve inesperada cae sobre la ciudad, cubriéndolo todo con un velo blanco, frÃo y ominoso. Mientras esperan al sastre, Millie intenta calmar sus pensamientos con café, pero el miedo burbujea bajo cada palabra. Enzo habla de nombres para la bebé. Ella sonrÃe. Finge. Por dentro, tiembla.