La boda de la asistenta
La boda de la asistenta Entonces lo ve. A través del cristal del café. Un hombre mayor, con los ojos huecos y una expresión como una grieta en la realidad. Él los mira. Fijo. Inmóvil. Con odio. Con propósito.
Y Millie entiende que la llamada no era una amenaza vacía. El peligro ha llegado. Está aquí. Ahora.
Giuseppi, el extraño de la cafetería, no es un acosador... según Enzo. Es su amigo de toda la vida. El mismo que iba a arreglar el vestido. Millie, paralizada por la confusión, reprime su impulso de gritar. El hombre que la observaba con odio, que parecía listo para matarla, ahora sonríe y entrega una bolsa con el vestido arreglado. Como si nada. Como si no hubiese estado acechándola.
Pero el miedo no se disipa. Algo no encaja. Millie siente que alguien juega con ella. Se repite que solo es paranoia, que su pasado no puede alcanzarla ahora. Tiene un vestido nuevo, un hombre que la ama, un bebé en camino y padres que han aceptado asistir a la boda después de años de rechazo.