El malestar en la cultura
El malestar en la cultura De esta manera, pues, el yo se desliga del mundo exterior, aunque más correcto serÃa decir: originalmente el yo lo incluye todo; luego, desprende de sà un mundo exterior. Nuestro actual sentido yoico no es, por consiguiente, más que el residuo atrofiado de un sentimiento más amplio, aun de envergadura universal, que correspondÃa a una comunión más Ãntima entre el yo y el mundo circundante. Si cabe aceptar que este sentido yoico primario subsiste —en mayor o menor grado— en la vida anÃmica de muchos seres humanos, debe considerársele como una especie de contraposición del sentimiento yoico del adulto, cuyos lÃmites son más precisos y restringidos. De esta suerte, los contenidos ideativos que le corresponden serÃan precisamente los de infinitud y de comunión con el Todo, los mismos que mi amigo emplea para ejemplificar el sentimiento «oceánico». Pero ¿acaso tenemos el derecho de admitir esta supervivencia de lo primitivo junto a lo ulterior que de él se ha desarrollado?