El malestar en la cultura
El malestar en la cultura [13] El material psicoanalÃtico, aunque incompleto y de interpretación incierta, permite establecer una hipótesis —al parecer, fantástica— sobre el origen de esta hazaña humana. El hombre primitivo habrÃa tomado la costumbre de satisfacer en el fuego un placer infantil, extinguiéndolo con el chorro de su orina cada vez que lo encontraba en su camino. De acuerdo con las leyendas que conocemos, no cabe poner en duda la primitiva concepción fálica de la llama serpentina y enhiesta. La extinción del fuego por la micción —procedimiento al que aún recurren esos tardÃos hijos de gigantes que son Gulliver en Liliput y Gargantú de Rabelais—, era pues, algo asà como un acto sexual realizado con un hombre, un goce de la potencia masculina en contienda homosexual. El primer hombre que renunció a este placer, respetando el fuego, pudo llevárselo consigo y someterlo a su servicio. Al amortiguar asà el fuego de su propia excitación sexual, logró dominar la fuerza elemental de la llama. Esta grandiosa conquista cultural representarÃa, pues la recompensa por una renuncia instintiva. Además, se habrÃa encomendado a la mujer el cuidado del fuego aprisionado en el hogar, pues su constitución anatómica le impide ceder a la placentera tentación de extinguirlo. También cabe señalar cuan regularmente las experiencias analÃticas confirman el parentesco entre la ambición, el fuego y el erotismo uretral. <<