El malestar en la cultura
El malestar en la cultura [17] Vayan las siguientes observaciones en apoyo de esta hipótesis. También el hombre es un animal de indudable esbozo bisexual. El individuo equivale a la fusión de dos mitades simétricas, una de las cuales sería, según opinión de algunos investigadores, puramente masculina, y la otra, femenina. Pero también podría ser que cada mitad fuera primitivamente hermafrodita. La sexualidad es un hecho biológico que, pese a su extraordinaria importancia para la vida anímica, resulta difícil captar psicológicamente. Solemos decir que todo hombre presenta tendencias instintivas, necesidades y atributos, tanto masculinos como femeninos, pero sólo la anatomía —mas no la psicología— puede revelar la índole de lo masculino y de lo femenino. Para la psicología, esta antítesis sexual se agota en la de actividad y pasividad, aunque se suele identificar con excesiva ligereza la actividad con lo masculino, la pasividad con lo femenino, parangón que de ningún modo se confirma invariablemente en el reino animal. La doctrina de la bisexualidad está aún envuelta en las tinieblas, y en psicoanálisis nos ocasiona sensibles inconvenientes la circunstancia de que todavía no haya sido vinculada con la teoría de los instintos. En todo caso, si aceptamos el hecho de que el individuo en su vida sexual trata de satisfacer deseos tanto masculinos como femeninos, estaremos preparados para aceptar la posibilidad de que estas pretensiones no sean satisfechas por un mismo objeto y que se perturben mutuamente si no se logra mantenerlas separadas, dirigiendo cada uno de los impulsos a una vía particular apropiada para él mismo. Otra dificultad se debe a que la relación erótica presenta con tal frecuencia cierta medida de tendencias agresivas directas, además del componente sádico que le es propio. El objeto amoroso no siempre aceptará estas complicaciones con la comprensión y tolerancia de aquella aldeana que se quejaba del desamor de su marido, pues éste no la había azotado en una semana.