El porvenir de una ilusión
El porvenir de una ilusión Podemos preguntarnos si nuestro dominio sobre la Naturaleza permite ya, o permitirá algún dÃa, el establecimiento de semejantes instituciones culturales, e igualmente de dónde habrán de surgir aquellos nombres superiores, prudentes y desinteresados que hayan de actuar como conductores de las masas y educadores de las generaciones futuras. Puede intimidarnos la magna coerción inevitable para la consecución de estos propósitos. Pero no podemos negar la grandeza del proyecto ni su importancia para el porvenir de la cultura humana. Se nos muestra basado en el hecho psicológico de que el hombre integra las más diversas disposiciones instintivas, cuya orientación definitiva es determinada por las tempranas experiencias infantiles. De este modo, los lÃmites de la educabilidad del hombre supondrán también los de la eficacia de tal transformación cultural. Podemos preguntarnos si un distinto ambiente cultural puede llegar a extinguir, y en qué medida, los dos caracteres de las colectividades humanas antes señaladas que tanto dificultan su conducción. Tal experimento está aún por hacer. Probablemente cierto tanto por ciento de la Humanidad permanecerá siempre asocial, a consecuencia de una disposición patológica o de una exagerada energÃa de los instintos. Pero si se consigue reducir a una minorÃa la actual mayorÃa hostil a la cultura se habrá alcanzado mucho, quizá todo lo posible.