El porvenir de una ilusión
El porvenir de una ilusión Así, pues, lo que la conciencia averigua de la labor melancólica no es la parte esencial de la misma, ni tampoco aquella a la que podemos atribuir una influencia sobre la solución de la enfermedad. Vemos que el yo se humilla y se encoleriza contra sí mismo; pero sabemos tan poco como el propio paciente de cuáles pueden ser las consecuencias de esto ni de cómo modificarlo. Por analogía con el duelo podemos atribuir a la parte inconsciente de la labor melancólica tal influencia modificadora. Del mismo modo que el duelo mueve al yo a renunciar al objeto, comunicándole su muerte y ofreciéndole como premio la vida para decidirle; así disminuye, cada uno de los combates provocados por la ambivalencia, la fijación de la libido al objeto, desvalorizándolo, denigrándolo y, en definitiva, asesinándolo. Es muy posible que el proceso llegue a su término en el sistema Inc., una vez apaciguada la cólera del yo o abandonado el objeto por considerarlo carente ya de todo valor. Ignoramos cuál de estas dos posibilidades pone fin regularmente o con mayor frecuencia a la melancolía, y cómo este final influye sobre el curso subsiguiente del caso. El yo puede gozar quizá de la satisfacción de reconocerse como el mejor de los dos, como superior al objeto.