La interpretación de los sueños
La interpretación de los sueños Las ideas latentes y el contenido manifiesto se nos muestran como dos versiones del mismo contenido, en dos idiomas distintos, o, mejor dicho, el contenido manifiesto se nos aparece como una versión de las ideas latentes a una distinta forma expresiva cuyos signos y reglas de construcción hemos de aprender por la comparación del original con la traducción. Las ideas latentes nos resultan perfectamente comprensibles en cuanto las descubrimos. En cambio, el contenido manifiesto nos es dado como un jeroglÃfico, para cuya solución habremos de traducir cada uno de sus signos al lenguaje de las ideas latentes. IncurrirÃamos, desde luego, en error si quisiéramos leer tales signos dándoles el valor de imágenes pictóricas y no de caracteres de una escritura jeroglÃfica. Supongamos que tenemos ante nosotros un jeroglÃfico cualquiera de los muchos que se publican como pasatiempo. En él vemos una casa sobre cuyo tejado descansa una barca, y luego, a continuación una letra y una figura humana, sin cabeza, corriendo desesperadamente, etc. Ante estas imágenes podrÃamos expresar la crÃtica de que tanto su yuxtaposición como su presencia aislada son absurdas e insensatas, pues las barcas no anclan nunca sobre los tejados y un hombre decapitado es incapaz de correr. Asimismo, esta última figura resulta más grande que la casa, y si el conjunto ha de representar un paisaje, sobran las letras, que jamás hemos visto surgir espontáneamente en la Naturaleza. Pero estas objeciones dependen de que formamos sobre el jeroglÃfico un juicio equivocado. Asà pues, habremos de prescindir de ellas y adaptarnos al verdadero carácter de aquél, esforzándose en sustituir cada imagen por una sÃlaba o una palabra susceptibles de ser representadas por ella. La yuxtaposición de las palabras que asà reuniremos no carecerá ya de sentido, sino que podrá constituir incluso una bellÃsima sentencia. Pues bien: el sueño es exactamente uno de estos jeroglÃficos, y nuestros predecesores en la interpretación onÃrica han incurrido en la falta de considerar el jeroglÃfico como una composición pictórica. De este modo no tenÃa más remedio que parecerles insensato y sin valor alguno.