Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Si hubiese esperado dos semanas más para comunicarte todo esto, habrÃa resultado mucho más claro; pero fue sólo en el intento de anotarlo para comunicártelo que el asunto se me aclaró por completo; asÃ, tenÃa que ser de este modo o de ningún modo. Lo lamentable es que ahora ya no tendré mucho tiempo para darle una redacción ordenada. Los tratamientos comienzan, y Parálisis infantiles, que no me interesa para nada, urge su terminación. Con todo, anotaré algunas cosas para ti: los postulados cuantitativos, de los cuales habrás de inferir lo caracterÃstico del movimiento neuronal, y un planteamiento de la neurastenia-neurosis de angustia de acuerdo con las premisas de la teorÃa…
Con sólo cuarenta y ocho horas que pudiésemos conversar sobre este asunto, es probable que lograrÃamos darlo por terminado; pero estoy deseando lo imposible.
«A donde no se llega volando,
hay que llegar cojeando…
Las Escrituras lo dicen: no es pecado cojear[239]».
Las experiencias confirmadoras del material neurótico llueven literalmente sobre mÃ: el asunto es realmente cierto y genuino.
Hoy he disparado una segunda conferencia sobre la histeria, haciéndola girar alrededor del tema de la represión. A la gente le gustó; pero no la haré publicar.