Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Otro aporte a esta corriente proviene de la consideración de que aún hoy existe una categoría de personas que siguen contando historias semejantes a las de las brujas y de mis pacientes, sin que nadie les crea, pero sin que ello conmueva en lo mínimo su absoluta creencia en las mismas. Como habrás adivinado me refiero a los paranoicos, cuyas quejas de que les ponen excrementos en la comida, de que son abominablemente maltratados por la noche, de que los violan, etc., constituyen el puro y verdadero contenido de su memoria[343]. Tú sabes que distingo entre el delirio de memoria y el delirio de interpretación. Este último se vincula con la característica vaguedad acerca de los malhechores, cuya identidad es ocultada por el mecanismo de defensa.
Un detalle más. Las exaltadas normas que los histéricos aplican en el amor, su humildad ante el ser amado y su incapacidad de casarse «por no haber encontrado todavía el ideal» me permiten reconocer la influencia de la figura del padre. El motivo reside, naturalmente, en la inmensa grandeza del padre, que condesciende al nivel del niño. Compárese con esto en la paranoia la combinación de megalomanía con la creación de mitos genealógicos tendientes al extrañamiento de la familia[344]. He aquí el reverso de la medalla.