Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis ConfÃrmase cada vez más que el punto a través del cual irrumpe lo reprimido en la neurosis obsesiva es la representación verbal y no el concepto que de ella depende. (Más precisamente es el recuerdo verbal). De ahà que las ideas obsesivas tiendan a unir las cosas más dispares en una palabra plurÃvoca. Tales palabras ambiguas sirven a la tendencia irruptora, igual que dos moscas que se dejasen matar de un golpe, como lo demuestra, por ejemplo, el siguiente caso. Una muchacha que está a punto de concluir el curso de costura al cual asiste es aquejada por la siguiente obsesión: «¡No; todavÃa no puedes irte; todavÃa no has terminado; tienes que hacer [machen] todavÃa más, tienes aún mucho que aprender!» Tras todo esto aparece el recuerdo de escenas infantiles en las que se ve sentada sobre la bacinilla, queriendo levantarse, pero hallándose sujeta a la misma compulsión: «¡No puedes levantarte todavÃa; todavÃa no has terminado; tienes que hacer un poco más!» La palabra hacer permite identificar la situación actual con la infantil. AsÃ, las obsesiones se revisten a menudo de una notable vaguedad verbal, con el fin de permitir aplicaciones múltiples como la que acabo de describir. Si se las examina más detenidamente (conscientemente), el acento queda desplazado a lo accesorio: «Tienes aún mucho que aprender». Lo que está destinado a convertirse más tarde en la idea obsesiva fijada se origina por tal interpretación equivocada de la consciencia.