Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis He conseguido explicar más fácilmente todavía un segundo ejemplo de olvido de nombres. No podía recordar el nombre de ese gran artista que pintó el Juicio final de Orvieto, el más grande que he visto hasta ahora. En su lugar se me ocurrieron «Botticelli» y «Boltraffio», con la certeza de estar equivocado. Finalmente averigüé el nombre, que era «Signorelli», y al punto se me ocurrió espontáneamente el nombre de pila —Luca—, lo que demuestra que se trataba sólo de una represión y no de un genuino olvido. Es evidente por qué se interpuso «Botticelli»: únicamente el signor había sido reprimido; la doble «Bo» en los nombres sustitutivos se explica por el recuerdo que motivó la represión, cuyo tema se desarrolla en Bosnia y comienza con un parlamento: «¡Herr [señor, signor], qué le vamos a hacer!» Había olvidado el nombre de Signorelli durante una corta excursión por Herzegovina, emprendida desde Ragusa en compañía de un abogado berlinés (Freyhau), con quien en el camino conversé sobre pintura. El tema general de esa conversación —que recuerdo, pues, como elemento represor tras el olvido— era el de la muerte y la sexualidad. La sílaba traffio posiblemente sea un eco de Trafoi, que habíamos visitado en nuestro primer viaje. Pero ¿a quién le voy a hacer creer esto[482]?