Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 2-3-99.
«Ha olvidado por completo la escritura». ¿Por qué? ¡Y eso, con una teoría plausible del olvido, fresca en la mente, a manera de advertencia! ¿No estará por producirse un nuevo cruzamiento de cartas? En todo caso, ésta habrá de aguardar un día más a ser despachada.
A mí me va casi monótonamente bien. Me cuesta esperar a que lleguen las Pascuas para presentarte detalladamente una parte principal de mi historia: la de la realización del deseo y del acoplamiento de las antítesis. Mis viejos casos me deparan muchas satisfacciones, y tengo además dos nuevos, aunque no de los más favorables. El reino de la incertidumbre sigue siendo enormemente vasto; los problemas pululan por doquier, y de todo lo que hago, sólo la mínima parte es captada hasta ahora por el entendimiento; pero cada tantos días se hace un claro, ora aquí, ora allá y yo me he vuelto muy modesto. Me preparo para largos años de trabajo y para una labor de compilación, apoyada por unas pocas ocurrencias útiles que pueda tener después de las vacaciones y después de nuestras reuniones.
Roma está todavía muy lejos: tú ya conoces mis sueños romanos.
5-3.
