Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Berchtesgaden, 20-8-99.
Ya hace cuatro semanas que estoy aquÃ, afligidÃsimo de que este tiempo tan feliz pase rápidamente. Un mes más y mis vacaciones habrán terminado: terriblemente breves para mi placer. He podido trabajar tan maravillosamente aquÃ, en completa calma y sin nada que viniera a perturbarme, con una salud casi perfecta, y todo esto matizado por correrÃas por bosques y montañas, que tanto placer me han deparado. Tendrás que ser condescendiente conmigo: estoy sumido por completo en mi trabajo, y no podrÃa escribirte acerca de ninguna otra cosa. Ya estoy muy adelantado en el capÃtulo de la «elaboración onÃrica», y he reemplazado —creo que con ventaja— el sueño completo que tú tachaste por una pequeña colección de retazos de sueños. El mes próximo comenzaré el último, el capÃtulo filosófico, ante el que ya me siento amedrentado; además, me significará otra porción de lecturas.
La composición tipográfica progresa con lentitud. Ayer te mandé todas las pruebas nuevas que recibÃ. Te ruego devolverme sólo aquéllas en las que tengas alguna observación que hacer, anotándola al margen; además, aquéllas en las que, en algún momento libre, puedas corregir una cita o una referencia, pues aquà carezco, naturalmente, de toda fuente bibliográfica.
