Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 26-1-1900.
… Realmente no ocurre nada. Cuando pienso que desde mayo de 1899 sólo he tenido un caso nuevo, del que ya sabes, y que entre abril y mayo he de perder cuatro pacientes, no me siento precisamente muy contento. Todavía no sé cómo voy a superar todo esto; pero estoy resuelto a persistir. La aversión a lamentarme es uno de los motivos de que te haya escrito tan poco. No se ha vuelto a hablar de mi libro desde la reseña en Die Zeit, que, además de incomprensiva, desgraciadamente es también insolente e irrespetuosa[542]. Estamos volviendo a hacer arreglos para pasar el verano en la Bellevue, cerca de Grinzing; pero he renunciado al proyecto del trabajo de vacaciones porque no veo ninguna perspectiva.
Mis trabajos adelantan bien, aunque no son tan agobiadores como antes…
Las nuevas ideas llegan lentamente; pero alguna se agita siempre. E. ha vuelto a detenerse en una zona oscura; pero lo ya adelantado se mantiene. Reúno material para la teoría sexual, a la espera de que una chispa venga a inflamar todo el montón ya juntado.
Estamos leyendo un libro (de Frey) sobre la vida de vuestro C. F. Meyer; pero nada sabe de su intimidad, o la calla por discreción, y no es mucho tampoco lo que se puede leer entre líneas…
