Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis En general, mis pacientes progresan bien. Tengo ahora mi temporada de mayor trabajo, a razón de setenta a ochenta florines diarios, o sea, unos quinientos por semana, de acuerdo con mi experiencia, llegará a su fin para Pascuas. Nada he podido arreglar todavía para el verano. En general, no hay nada que hacer, y es una lástima derrochar aun la mínima energía: he aquí la clave de toda la situación.
Me gustaría ausentarme para Pascua, y lo que más me gustaría sería, por cierto, encontrarme contigo. Pero siento un verdadero anhelo de adolescente por la primavera, el sol, las flores, un pedazo de agua azul, etc. Odio a Viena con un odio realmente personal, y, en contradicción con el gigante Anteo, siento retornar mis fuerzas apenas levanto la planta del suelo natal. En aras de los niños, este verano tendré que renunciar a la lejanía y a las montañas, resignándome a tener constantemente ante mí, desde la Bellevue, el panorama de Viena. No sé si tendré el dinero suficiente para permitirme un viaje en septiembre, y por eso quisiera gozar un poco de las bellezas del mundo para Pascuas…