Los origenes del psicoanalisis
Los origenes del psicoanalisis Viena, 16-5-1900.
Una paciente vespertina me ha abandonado: era mi caso más difícil, pero el más seguro en cuanto a la etiología; durante cuatro años no pude abordarlo bien, y, para colmo, era la única paciente enviada por Breuer. Éste insistía en volverme a mandar a la muchacha cada vez que, en mi desesperación, yo la despedía. El último año conseguí, por fin, reconciliarme con ella, y este año comenzó finalmente a moverse. Pude dar con la clave, es decir, me convencí de que las claves halladas en otros casos se ajustaban también a ella, y en la medida en que el corto tiempo lo permitió (de diciembre hasta hoy) pude influir profunda y esencialmente sobre su condición. Hoy se despidió de mí, diciéndome: «¡Usted hizo milagros por mí!» Además, me dijo que cuando informó a Breuer de su extraordinaria mejoría, éste habría batido palmas, exclamando una y otra vez: «¡Así que tiene razón, después de todo!…»
Sólo tengo tres oyentes: Hans Königstein, la señorita Dora Teleky y un doctor Marcuse, de Breslau. El librero se queja de que La interpretación de los sueños sale muy lentamente. En la Umschau del 10 de marzo había una breve reseña amable, pero sin la menor comprensión. A mí, naturalmente, sólo me domina el trabajo, y estoy dispuesto a llevar mi unilateralidad al extremo con tal de que logre salir adelante con mis pacientes…
