Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta La idea monoteísta que había prendido con Ikhnatón se había vuelto a oscurecer y debía permanecer todavía mucho tiempo en la oscuridad. Hallazgos en la isla Elefantina, adyacente a la primera catarata del Nilo, nos han proporcionado la sorprendente información de que allí había emplazada desde hacía siglos una colonia militar judía en cuyo templo se veneraba, junto al dios principal Jahu, dos deidades femeninas, una de las cuales se llamaba Anat-Jahu. Por supuesto, estos judíos estaban separados de la madre patria, no habían participado en la evolución religiosa allí llevada a cabo; el conocimiento de los nuevos preceptos del culto de Jerusalén se los transmitió el gobierno imperial persa (siglo v). Volviendo a épocas anteriores, podemos decir que el dios Yahvé no guardaba por cierto ninguna semejanza con el dios mosaico. Atón había sido pacifista lo mismo que su representante en la tierra, propiamente hablando su prototipo, el faraón Ikhnatón, que contempló inactivo el desmoronamiento del imperio mundial conquistado por sus antecesores. Para un pueblo que se disponía a apoderarse por la fuerza de nuevos asentamientos, seguramente era más apropiado Yahvé. Y todo lo digno de veneración en el dios mosaico se sustraía a la comprensión de la masa primitiva.