Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Lo primero que a uno se le ocurre es que no es raro hallarlos en ámbitos muy diversos y probablemente tienen lugar de múltiples maneras, más o menos fáciles de comprender. Tomemos p. e. el destino de una nueva teoría científica como la doctrina evolucionista de Darwin. Al principio encuentra enconado rechazo, se la discute con vehemencia durante décadas, pero no se necesita más que una generación para que se la reconozca como un gran progreso hacia la verdad. Darwin mismo aún alcanza el honor de una tumba o cenotafio en Westminster. Un caso como este nos deja poco que desentrañar. La nueva verdad ha despertado resistencias afectivas, estas se defienden mediante argumentos con los que se pueden impugnar las pruebas favorables a la doctrina que desagrada, la lucha de las opiniones exige cierto tiempo, desde el comienzo hay partidarios y oponentes, tanto el número como la importancia de los primeros aumenta sin cesar hasta que finalmente prevalecen; durante todo el periodo de lucha nunca se ha olvidado de qué se trata. Apenas nos asombramos de que todo el desenlace haya requerido un tiempo más largo, probablemente no valoramos lo suficiente el hecho de que nos encontramos ante un proceso de la psicología de las masas.