Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Quizá en lo precedente se haya conseguido demostrar la analogía entre procesos neuróticos y acontecimientos religiosos, e indicado por tanto el insospechado origen de estos. De esta transferencia de la psicología individual a la de las masas resultan dos dificultades de distinta naturaleza e importancia, de las que ahora debemos ocuparnos. La primera es que aquí solo hemos tratado un caso de la rica fenomenología de las religiones, no hemos arrojado luz alguna sobre los restantes. Con pesar debe el autor confesar que no puede dar más que esta sola prueba, que el saber en que se ha especializado no basta para completar la investigación. Su limitado conocimiento aún le permite agregar, por ejemplo, que el caso de la fundación de la religión mahometana se le antoja una repetición abreviada de la judía, se le presenta como una imitación de esta. Parece, en efecto, que al principio el profeta tuvo la intención de adoptar plenamente el judaísmo para sí y su pueblo. La recuperación del gran protopadre único produjo entre los árabes una extraordinaria exaltación de su autoconsciencia, la cual condujo a grandes éxitos mundanos, pero que también se agotó en estos. Alá se mostró mucho más agradecido con su pueblo elegido que otrora Yahvé con el suyo. Pero el desarrollo interno de la nueva religión se detuvo pronto, tal vez porque le faltó el ahondamiento que el asesinato de su fundador había causado en el caso judío. Las aparentemente racionalistas religiones orientales son según su núcleo culto de los antepasados, por lo cual también se detienen en una temprana etapa de la reconstrucción del pasado. Si es cierto que en los pueblos primitivos de la actualidad se encuentra el reconocimiento de un ser supremo como único contenido de su religión, esto solo puede concebirse como una atrofia del desarrollo religioso y ponerse en relación con los innumerables casos de neurosis rudimentarias que se constatan en aquel otro campo. Por qué ni aquí ni allí se ha avanzado más, en ambos casos no logramos comprenderlo. Fuerza es pensar en hacer responsables de ello a la dotación individual de estos pueblos, a la orientación de su actividad y a sus circunstancias sociales generales. Por lo demás, es una buena regla del trabajo analítico que uno se conforme con la explicación de lo existente y no se afane en explicar lo que no ha sucedido.