Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Si se tiene claro que un procedimiento como el nuestro, admitir lo que nos parece útil del material transmitido por la tradición, rechazar lo que no nos encaja y combinar los fragmentos aislados según la probabilidad psicológica, que semejante técnica no da seguridad alguna de hallar la verdad, entonces con todo derecho se pregunta uno para qué se emprende en absoluto un trabajo así. La respuesta apela a su resultado. Si se atenúa considerablemente el rigor de los requisitos que se demandan de una investigación histórico-psicológica, tal vez sea posible aclarar problemas que siempre parecieron dignos de atención y que de nuevo se imponen al observador como consecuencia de acontecimientos recientes. Se sabe que, de todos los pueblos que en la Antigüedad habitaban la cuenca del Mediterráneo, el pueblo judío es casi el único que aún subsiste tanto por el nombre como también sin duda sustancialmente. Con capacidad sin par de resistencia ha desafiado catástrofes y maltratos, desarrollado características peculiares y, además, cosechado la cordial aversión de todos los otros pueblos. De dónde procede esta vitalidad de los judíos y qué relación guarda su carácter con sus destinos nos gustaría comprenderlo mejor.