Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta En una contribución anterior a esta revista intenté reforzar con un nuevo argumento la sospecha de que el hombre Moisés, libertador y legislador del pueblo judío, no era judío sino egipcio. Que su nombre procede del vocabulario egipcio se observó hace mucho tiempo, aunque sin prestarle debida consideración; yo añadía que la interpretación del mito de la exposición ligado a Moisés obliga a la conclusión de que este habría sido un egipcio al que la necesidad de un pueblo quiso convertir en judío. Al final de mi ensayo decía que de la hipótesis de que Moisés habría sido egipcio se derivan importantes y trascendentes conclusiones; pero yo no estaría dispuesto a defenderlas públicamente, pues solo se apoyan en verosimilitudes psicológicas y carecen de una prueba objetiva. Cuanto más relevantes son los conocimientos así adquiridos, tanto más fuertemente se siente la conveniencia de no exponerlos al ataque crítico del mundo exterior sin fundamento seguro, por así decir como una figura de bronce sobre pies de barro. Ni la más seductora verosimilitud protege del error; aun cuando todas las partes de un problema parezcan ordenarse como las piezas de un rompecabezas, debería pensarse que ni lo verosímil es necesariamente lo verdadero ni la verdad siempre verosímil. Y, por último, no es tentador verse incluido entre los escolásticos y talmudistas que se contentan con ejercer su sagacidad indiferentes a lo ajena a la realidad que pueda ser su tesis.