Autobiografía
Autobiografía Un joven atravesando un puente es lo primero que recuerdo haber visto con mis propios ojos. Tenía un mostacho rizado y un aspecto de seguridad que rayaba en la jactancia. Llevaba en la mano una llave metálica amarillo brillante desproporcionadamente grande y, en la cabeza, una gran corona de oro o dorada. El puente que cruzaba se extendía desde el borde de un peligroso precipicio al pie de unas montañas, cuyas cumbres se alzaban majestuosas en la distancia, hasta lo más alto de la torre de un castillo con demasiadas almenas. La torre del castillo tenía una ventana por la que asomaba una dama joven. No recuerdo en absoluto su aspecto, pero me batiré con cualquiera que niegue su extraordinaria belleza.