Autobiografía
Autobiografía George Wyndham confirmó esta idea mía, en cierta ocasión, al mencionar lo que él llamaba el extremado individualismo de Lord Hugh Cecil. Por ejemplo, el carácter comercial de esa consistente y patriótica Inglaterra de los últimos siglos tenían mucho que ver con que Lord Hugh Cecil fuera un librecambista tan recalcitrante, pues no sólo es un viejo protestante, sino que este caballeroso tory es también decididamente un viejo radical. Se hubiera sentido mucho más a gusto en la Escuela de Manchester que en la Edad Media. Si he dedicado a su nombre todo este espacio sin otra base que la de haber escuchado su luminosa conversación, es porque creo firmemente que él se alza en el mismísimo centro de esta moderna civilización de hoy en día y podría decirse que es el único pilar sólido que todavía sostiene la Inglaterra en la que nací. Pero las ideas de George Wyndham, como las mías, fluían siempre por otros derroteros, y de un modo u otro estaban determinadas o delimitadas por nuestro común sentimiento hacia este político conservador. Wyndham no era un conservador, sino un tory, es decir, capaz de ser un jacobita, que es algo tan subversivo como ser un jacobino. No sólo deseaba preservar el protestantismo, el librecambismo o cualquier otra cosa consustancial a la nación, sino que deseaba revivir cosas antiguas y realmente más internacionales. Tuve mis primeras impresiones sobre la falsedad del sistema de partidos cuando todavía era un periodista liberal, al darme cuenta de lo mucho que coincidía con Wyndham y de cómo este disentía de Cecil.