La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –Me refiero al hombre -dijo el padre Brown-, la máquina menos fiable que conozco. No pretendo ser descortés, no creo que piense seriamente que el término «hombre» sea aquà una descripción agravante o incorrecta de usted mismo. Usted dice que observó sus reacciones, pero, ¿cómo sabe que las observó correctamente?. Ha dicho que las palabras se sucedieron con naturalidad, pero ¿cómo sabe si usted las pronunció con naturalidad?. ¿Cómo sabe, si vamos a eso, que él no observó sus reacciones?. ¿Quién puede probar que usted no estaba tremendamente agitado?. No habÃa ninguna máquina que midiese su pulso.
–Se lo diré -exclamó el americano excitado-, estaba tan impertérrito como un pepino.
–Los criminales también pueden estar tan impertérritos como un pepino -dijo Brown con una sonrisa-, y casi tan impertérritos como usted.
–Bien, pues éste no lo estaba -dijo Usher, arrojando los papeles a su alrededor-. ¡Oh, usted me agota!.