La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown «Entonces, la máquina pronunció su sentencia, y no erró. Poco después salí con él de la habitación y en el vestíbulo se encontraban varias personas aguardando a que las examinasen del mismo modo. Creo que eso lo impulsó más o menos a aclarar las cosas mediante una especie de confesión. Se volvió a mi y comenzó a decir en voz baja: "Oh, no puedo resistirlo más. Si tiene que saberlo todo sobre mi…"
»En ese mismo instante una de las pobres mujeres que estaba sentada en el largo banco se levantó, gritó y lo señaló con el dedo. Jamás he oído algo con una claridad tan demoníaca. Su dedo delgado le apuntó como si fuera un rifle. Aunque la palabra era más un aullido, cada una de las sílabas fue tan clara y distinta como cada una de las campanadas de un reloj.
»-¡Drugger Davis! – gritó-. ¡Han cogido a Drugger Davis!.