La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown –¡Que Dios nos bendiga a todos! – exclamo el hombrecillo en uno de sus raros momentos de animación-. Pues porque es culpable de los demás crÃmenes. No sé de qué están hechos ustedes. Usted cree que se pueden mantener todos los pecados en una bolsa. Habla como si un avaro el lunes pudiese ser siempre un benefactor los martes. Usted me dice que ese hombre que tiene aquà gastó semanas y meses aligerando a mujeres necesitadas de pequeñas cantidades de dinero; que usó drogas en el mejor de los casos, en el peor, veneno; que se convirtió después en un prestamista de la más baja condición y siguió timando a la gente pobre del mismo modo paciente y pacÃfico. Seamos generosos: admitamos, sólo por respeto a la argumentación, que hizo todo eso. Si es asÃ, le diré lo que no hizo. No escaló un muro con un hombre delante que tenÃa una pistola cargada. No escribió nada en el muro con su propia mano para decir que lo habÃa hecho. No se detuvo para dejar constancia de que habÃa sido en defensa propia. No explicó que habÃa tenido que luchar con el pobre vigilante. No nombró la casa del hombre a la que querÃa dirigirse con la pistola. No escribió sus propias iniciales con sangre humana. ¡Por Dios santo!. ¿No puede darse cuenta de que son caracteres completamente distintos, en lo bueno y en lo malo?. Sea un poco como yo. Uno podrÃa creer que usted nunca ha tenido vicios.