La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown El sacerdote lo miró seriamente, pero con un semblante desconcertante e indescifrable.
–Yo no estoy diciendo nada como eso -dijo-, le dejo el resto a usted. Sus recortes de sociedad dicen que recobró el tÃtulo recientemente, pero esos periódicos no son muy fiables. DecÃan que estuvo en Estados Unidos durante su juventud, pero la historia parece muy extraña. Davis y Falconroy son considerablemente cobardes, pero asà son muchos hombres. No me importa decir mi opinión al respecto. Creo que se largó por necesidad. Creo que ustedes, los americanos, son muy modestos, creo que idealizan a la aristocracia inglesa, incluso asumiendo que sea tan aristocrática. Ven a un inglés bien parecido en traje elegante, saben que está en la Cámara de los Lores y ya se imaginan que tiene un padre. Ustedes no tienen en cuenta nuestro vigor y nuestro mejoramiento. Muchos de nuestros nobles más influyentes no sólo se han enriquecido recientemente, sino que…
–¡Oh, deténgase! – exclamó Greywood Usher, alzando su mano delgada con impaciencia ante el semblante irónico del otro rostro.
–¡No siga hablando con este lunático! – gritó Todd con brutalidad-. Lléveme a donde está mi amigo.